La estrategia del karateka es una técnica que yo utilizo para cambiar las cosas. ¿A que no es lo mismo “¡Qué cosas me pasan!” que “¡Vaya cosas hago que me pasen!”?

Cuando acompaño personas a mejorar sus resultados, uno de los retos consiste en hacer que pasen las cosas que mis clientes desean que suceda. Para ello no sólo hay que definir la meta y planificar la ruta y los recursos que vamos a necesitar, antes de emprender el camino. Sino también medir la energía y los recursos que tenemos para ir avanzando. Conforme vayamos paso a paso, iremos midiendo los riesgos al tiempo que administramos compromisos y energía, para no quedarnos sin fuelle. Y para cumplir escrupulosamente nuestros propios compromisos, y este cumplimiento, nos lleva a convencernos de que realmente podemos hacerlo.

Con frecuencia al hablar de lo que queremos, nos centramos en cosas que «tienen que pasar», es decir, fuera de nosotros. Si me dieran…, si pasara…, si este o aquel…, si me tocara… Pero, ¿qué capacidad tengo yo de influir en esas “cosas que pasan”? Si percibo como pequeña mi capacidad, mi miedo será grande. Si percibo la capacidad de influir en lo que me sucede, mi miedo se dibuja en forma de riesgos más o menos previstos a los que puedo hacer frente. Y si creo que puedo con ello… el miedo se desvanece.

Porque el miedo “se cura”. El miedo se cura haciéndole frente con poderío, enfocando nuestra atención y energía en la acción, en nuestras capacidades, no en la periferia y sus riesgos.

Cualquier luchador de lucha libre o artes marciales te dirá que antes de pelearte con un contrincante tienes que estar centrado, concentrar toda tu fuerza dentro de ti, para que cada golpe que vayas a asestar concentre toda tu fuerza, toda tu energía, dejándola fluir hacia fuera con el propio golpe. Es decir, hacer acopio de todos esos recursos que te van a permitir derribar al rival.

A la hora de hacer que pasen las cosas, el primer paso es mirar hacia dentro y saber dónde estamos poniendo la energía en cada golpe que damos a la situación que queremos cambiar: para tumbar un miedo o dar un primer paso, hacemos acopio de energía.

Si nos fijamos en: estoy fatal, mi marido no me entiende, mi ex no me pasa la pensión, mi jefe me machaca, no vendo un colín, el negocio va fatal, el mercado está en crisis, o esa marca grande está “acaparando mi mercado”… estamos poniendo la energía FUERA de nosotros, estamos perdiendo todo nuestro impulso en “las cosas que nos pasan” y no nos queda energía de ningún tipo para “hacer que nos pasen cosas”.

Cuando hablamos de “las cosas que nos pasan” y nos centramos sólo en explorar las circunstancias que nos rodean, le estamos diciendo a nuestro subconsciente y a nuestro equipo que “estamos en manos” de lo que nos pasa… Nada podemos hacer para cambiar el punto en el que estamos.

Enfocar la energía tiene dos direcciones: centrar la energía en el impulso, dentro de nosotros, y proyectar la energía del movimiento ese “hacia dónde” del que hablaba el gato de Cheshire, en la película de Alicia. Ello genera a su vez un doble compromiso: me centro y doy el paso siguiente…

En cada circunstancia o situación, para hacer que las “cosas pasen” tenemos que preguntarnos en ambos sentidos: ¿qué hay aquí para mí? ¿Dónde está mi centro?, ¿qué me enseña esta situación y qué deseo de ella? ¿Qué puedo hacer yo para que cambie el panorama? Y también… ¿Cuándo voy a realizar esos cambios que cambiarán mi panorama?

El primer grupo de preguntas nos lleva hacia dentro, a centrarnos y aclarar el qué y el para qué. La pregunta del segundo grupo nos lleva al plan de acción y el compromiso de ejecutarlo, de emprender el camino.

Empecemos por enfocar nuestra energía: ¿has definido realmente qué deseas alcanzar, qué quieres cambiar en tu vida, profesión o negocio? Este es el primer paso de la estrategia que te llevará a enfocar tu acción y energía, como el karateka, en conseguirlo.

 

Marta Martínez Arellano
Desarrollo de Personas y Organizaciones
Comunicación y comercialización al servicio de tus resultados. 

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