En este #8M te propongo que dejemos de echarle la culpa al sistema. Te propongo revisar aquello en lo que nosotras mismas nos estamos poniendo «palitos en la rueda» y poner foco en la imparable transformación que tenemos que construir.

Primero las bases. Creo que la mujer se sigue valorando poco. Nos queremos menos a nosotros mismas. Huimos con frecuencia del protagonismo, y se nos olvida lo que hacemos, que lo hemos hecho nosotras. El trabajo de la mujer se valora menos, incluso nosotras lo valoramos menos. ¿Por qué es más importante y se valora más ser astrofísica o astronauta en vez de enfermera? Lo importante debería ser que cada cual hiciera aquello que tuviera Sentido para sí misma, sea lo que fuere… 

Con frecuencia veo mujeres que hablan del dinero como si alguien «se lo diera» -su pareja, padre, jefe, empresa…- No sienten que «es suyo», que  «se lo han ganado».  Es indudable que por muchos años que llevemos peleando por la igualdad, no se nos paga lo mismo. 

A la viciada relación con el dinero que tiene un gran porcentaje de la población, las mujeres, con no poca frecuencia, agregamos un lastre cultural importante. Seguimos a veces asumiendo -e incluso transmitiendo- que somos la parte «no proveedora» de la unidad familiar. Y así, sintiendo que el dinero «nos lo dan» y no es nuestra «misión» principal, hemos aprendido durante eones a sacarle chispas al céntimo… Nos conformamos con menos. Somos grandes administradoras de recursos «medidos», pero no tan buenas generando grandes fuentes de ingreso. 

Esto se demuestra en estadísticas. En países como EEUU donde, aparentemente, la igualdad de género en el ámbito laboral está más adelantada que en muchos otros lugares del planeta, 1 de cada 3 mujeres está en el borde de la pobreza, frente a 1 de cada 9 varones (fuente: The Shriver Report, 2016)

Con no poca frecuencia vemos que el mercado entrega “resultados” a cambio de dinero. Nosotras, por lo general, estamos más orientadas a entregar “procesos” y “relaciones” en lugar de resultados medibles. Esos procesos y relaciones serán el origen de los resultados, pero con frecuencia no los sentimos como propios. Declinamos el halago, ampliamos el mérito al equipo o a los hados. 

Con frecuencia, en la ecuación profesional de las mujeres entran otros factores: la familia, los niños… Muchas no queremos perdernos la crianza, o la sonrisa de una madre que languidece. No es porque sea obligatorio, sino porque nuestras prioridades son diferentes. La jerarquía en nuestros valores también lo son.

Hemos trabajado mucho para conseguir la igualdad «formal» y «de derechos». Creo que va siendo hora de decir alto y claro que nosotras no queremos ser iguales, sino nosotras, diversas y diferentes. Queremos hacer las cosas a nuestra manera. Seguir nuestra intuición. Hacer caso a nuestros valores. La igualdad formal sólo facilitará el camino de la transformación. La transformación del mundo del trabajo incorporará las reglas y escalas de valores de las mujeres. 

Necesitamos trabajar nuestra relación con el dinero. Nuestra relación con lo que esperamos de nosotras mismas. Trabajar nuestra confianza y proyección personal en sociedad, en el mercado. La confianza con la que decimos yo hago.., yo aporto…, YO. Y quiero hacerlo así…

Conocer qué estás dispuesta a hacer y qué no para conseguir tus objetivos que, sobre todo para nosotras, no son sólo profesionales. Aprender a transmitirlo. Mejorar la habilidad para cerrar buenos negocios. 

Es imprescindible que aportemos nuestra forma de ver, sentir y hacer las cosas. Tenemos que plantarnos en el mercado y conquistar una nueva relación con el dinero, redefinir las jerarquías, el trabajo y sus frutos. Hacer las paces con nosotras mismas. Sacudirnos la timidez y destacar nuestra propia expresión personal en el mercado, sin renunciar a nuestra escala de prioridades y de valores.

Al hacerlo, conseguiremos implantar una nueva definición de qué es dinero, qué es «trabajo», cómo queremos desarrollarnos profesionalmente y el significado que nosotras queremos darle a todo ello. Estaremos creando un nuevo escenario laboral y de mercado, en el que estén presentes el principio femenino en pie de igualdad con el masculino. 

Nadie nos lo va a dar hecho… tenemos que hacerlo nosotras. Yo trabajo con mujeres que ya están en este camino. ¿Y tú? ¿Te animas?

Marta Martínez Arellano
Desarrollo de Personas y Organizaciones
En Femenino

www.unicaespecialyrentable.com

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