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	<title>Valor Agregado Archives | Marta Martínez Arellano</title>
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	<description>Mentoría en Comunicación y Comercialización</description>
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		<title>Talento, Ta Lento</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marta Martínez Arellano]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 25 Feb 2019 07:44:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Desarrollo personal y profesional]]></category>
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		<category><![CDATA[Valor Agregado]]></category>
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<p>Talento evoca no sólo capacidad, sino aplicación y dinero. Los romanos y los griegos utilizaban el «talento» como moneda, y me permito rescatar esta acepción del término para incorporar aquí una perspectiva de mercado.</p>


<p>De este modo Talento sería una capacidad especial aplicada a una tarea concreta. Y es dicha capacidad puesta al servicio  de los demás desempeñando una tarea, aportando Valor, la que después se vería remunerada en un entorno de mercado.</p>


<p>Con frecuencia veo personas con muchísimas capacidades que no saben qué hacer con ellas. Personas con algún talento especial que no encuentran cómo aplicarlo para sentir su utilidad en la vida o en su entorno laboral.</p>


<p>Desde hace unos años la rapidez con la que evoluciona el entorno profesional va borrando las lindes de los tradicionales desempeños profesionales. Si en la edad media el oficio del padre marcaba el oficio de la saga e incluso su posición social, en la época de la tecnología y el conocimiento, van desapareciendo los oficios y despuntan las aplicaciones. Pero es indudable que resulta más complicado definir los talentos -capacidades y actitudes- necesarios para desempeñar una tarea, que definir las herramientas -conocimientos y aptitudes- que se precisan para ello. </p>


<p>Las universidades y los centros formativos preparan a nuestros jóvenes para profesiones que tal vez no existirán cuando terminen sus estudios, mientras surgen por todos lados profesiones híbridas más ancladas en aptitudes y actitudes que en conocimientos instrumentales.</p>


<p>Al mismo tiempo, nos hemos acostumbrado a valorar socialmente unas capacidades por encima de otras. ¿A quién no le han recomendado que deje tal o cual actividad porque con eso no se gana uno la vida? ¿A quién no le han preguntado,  «eso para qué sirve»? ¿Quién no ha sentido que lo que estaba ofreciendo no era del todo comprendido por su interlocutor?</p>


<p>Es mucho más sencillo recurrir a referentes comunes, a etiquetas acordadas. ¿Qué emprendedor no ha buscado una palabra que permita definir su propuesta de valor, su contrato con su cliente, con la misma contundencia con la que lo hace un tradicional «soy médico»? ¿Quién no ha tratado de definirlo más añadiéndole un adjetivo «soy médico neurólogo»? Soy tornero, tornero fresador. </p>


<p>Entre la hiperespecialización, la imagen social del éxito y las escalas de capacidades relacionadas con él, la persona talentosa se encuentra en medio de un batiburrillo de tradición y modernidad. Abrazada a sus talentos, los mira como quien mira una navaja suiza: tanto gadget&#8230; vale para mucho, sirve para poco. Y es que hay quehaceres difícilmente definibles con una «etiqueta» conocida. </p>


<p>En mi experiencia no se trata tanto de las competencias, de las capacidades, de los «talentos» en sí, sino de encontrar la manera de ponerlas al servicio propio y de los demás para conseguir canjearlas por talentos dinerarios, por satisfacción personal, por sentir que aportas valor, mientras ver florecer esas capacidades al servicio del otro, de la comunidad o del mercado.</p>


<p>Es en esa definición del «qué haces» o «para qué sirve» lo que haces, cuando sientes que te limitas, cuando tu talento parece ralentizarse, cuando tu talento «ta lento»&#8230; a la hora de ponerse al servicio de los demás, del mercado, de ese Talento en forma de Valor del que nos hablaban griegos y romanos. </p>


<p>Saber expresar esa combinación única y especial de tus capacidades y la forma en la que las aplicas, de manera que el otro también comprenda para qué le sirve, qué beneficio puede obtener con ello. Acordar una transacción. </p>


<p>Cuando esto sucede, si te sientes navaja suiza y te cuesta formular tu propuesta única y especial de Valor a tu mercado, te recomiendo que te enfoques no en lo que aportas, sino en lo que la otra persona recibe.</p>


<p>La pregunta sería: ¿Qué beneficios le produce a la otra persona tu talento aplicado? ¿Qué consigue el otro, tu comunidad o tu mercado, cuando se lo prestas? Busca expresar tu talento en forma de promesa para el otro. Eso te permitirá centrarte en lo que el otro recibe, y así será más sencillo acordar la transacción de talentos. Cumplir tu promesa no sólo supondrá un reto, sino un sano ejercicio de tus talentos, y eso te ayudará a ir acrecentándolos.</p>


<div class="wp-block-media-text alignwide" style="grid-template-columns:31% auto"><figure class="wp-block-media-text__media"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="945" height="778" src="http://mmarellano.com/wp-content/uploads/2020/03/pie-de-articulos3.png" alt="" class="wp-image-2486"/></figure><div class="wp-block-media-text__content">
<p style="font-size:15px"><strong>Marta Martínez Arellano</strong><br /><em>Desarrollo de Personas y Organizaciones</em><br />Comunicación y Comercialización</p>
</div></div>


<p></p>
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		<title>El Último Día del Verano</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marta Martínez Arellano]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 26 Aug 2016 08:10:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Blog]]></category>
		<category><![CDATA[Desarrollo personal y profesional]]></category>
		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Carrera Profesional]]></category>
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		<category><![CDATA[pasión]]></category>
		<category><![CDATA[Valor Agregado]]></category>
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					<description><![CDATA[¿Te afecta el síndrome del “último día del verano”? Muchas personas sólo lo conocemos por referencias y aquí te cuento lo que le pasó a Miguel, que decidió cambiar su forma de trabajar y terminó cambiando su último día del verano. Hay gente que se...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>¿Te afecta el síndrome del “último día del verano”? Muchas personas sólo lo conocemos por referencias y aquí te cuento lo que le pasó a Miguel, que <strong>decidió cambiar su forma de trabajar</strong> y terminó cambiando su último día del verano.</p>
<p>Hay gente que se conforma con un trabajo que paga sus facturas (que no es poco). Se conforma con intercambiar tiempo por dinero. Y se sube a un sistema que abona por horas la energía de nuestras manos y cabezas, un sistema que premia el silencio y la obediencia a un protocolo definido de acción, proceso y relaciones. A un sistema que castiga los errores, no premia los intentos, o que calla la boca al que propone, no vaya a ser que cuestione el sistema establecido… Y así al ir a trabajar hay muchos que prefieren dejar en la mesilla la ilusión y las ganas, la curiosidad, la creatividad y el ingenio&#8230; Y así se confunden unos con otros, intercambiables “recursos” en interminables y aburridas cadenas productivas.</p>
<p>Y de ahí surge el síndrome del “último día del verano”, ese en el que con nostalgia cada cual se despide de su última siesta, de su última cervecita, de la playa, el pedaló y los gritos de los niños y arrastra los pies por el paseo sacudiéndose por un lado la galbana del retorno, preparando con tiempo el estrés anticipado de “lo que me espera” y por otro va, como los perros, lanzando tierra sobre el rastro de los días transcurridos.</p>
<p>Hace un tiempo a mi amigo Miguel lo despidieron de ese puestazo fijo de muchos ceros al que regresaba cabizbajo cada verano. En la carta le decían, literalmente, que “no había diferencia entre su presencia y sus periodos de ausencia.”</p>
<p>Cuando le dieron la carta de despido reaccionó mal, como cuando a uno se le lleva el coche la grúa. Luego puso en duda la veracidad de la misiva, y acudió al departamento de “Recursos humanos” a verificarlo. Después se resignó al despido y se pensó mejor el texto con el que escuetamente le decían adiós.</p>
<p>Decidió cambiarlo. Y lo cambió. Lo cambiamos juntos. Estudió con cuidado sus recursos, rehizo lentamente su lista de aportes, enfocó dónde y cómo quería trabajar y fue a por ello. Tomó las riendas de su vida y su trabajo y fue consciente de que era el responsable de su propia carrera. Desde ese instante, aporta a su quehacer sus características especiales y únicas, aprende de cada cosa que hace y siente que su trabajo tiene Sentido para él.</p>
<p>Hoy es un tipo feliz cada vez que vuelve a trabajar, porque no hay ISO que le diga lo que tiene que hacer, sino que siente en cada curro lo que aporta y sabe que cada factura o nómina exhibe con orgullo la contraprestación económica al valor aportado. Y así camina cada día hacia su trabajo con la satisfacción de sentirse útil, valioso y valorado, sin pararse a pensar si es el último o el primer día del verano&#8230;</p>
<p><strong><img decoding="async" class="wp-image-2304 alignleft" src="http://mmarellano.com/wp-content/uploads/2020/03/DSC0819BB.jpg" alt="_DSC0819BB" width="177" height="118" />Marta Martínez Arellano</strong><br />
<em>Desarrollo personal y ejecutivo</em>    	</p>
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