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		<title>Déjalo donde sucedió</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marta Martínez Arellano]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 15 May 2017 18:01:14 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[&#160; Marta Martínez Arellano Desarrollo de Personas y Organizaciones]]&#62;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><![CDATA["Déjalo donde sucedió". A veces nos cuesta dejar las cosas donde sucedieron.
Hay veces en las que hago algo que no sale demasiado bien, o que no deja de mi misma la imagen que yo querría haber dejado. Y se me queda "atascado" el recuerdo, no por lo que yo recuerdo, sino por lo que yo creo que el otro sintió o pensó de mí en esa circunstancia; o por lo que yo sentí o creí ver en su mirada...
Aunque hayan pasado eones desde que sucedió el evento, el recuerdo vergonzoso se queda anclado en mi memoria y yo lo sigo repasando, reviviendo. Cuando me encuentro con esa otra persona, o algo de mi entorno me recuerda a esa situación, se me encoge el ombligo creyendo que ella lo recuerda igual de nítidamente que yo. Y claro, ataca lo que yo llamo "vergüenza retrospectiva".
La verdad es que esto me molestaba bastante. Sin embargo como ya te he contado, he descubierto que la vida no es lo que es sino lo que me cuento... así que empecé a cuestionarme si esa realidad era realmente compartida. Y me dediqué a indagar con esos "compañeros" de situación "vergonzante" a ver si ella o él también lo recordaban como yo. Descubrí que en el 100 % de los casos nuestros recuerdos no coinciden y sobre todo, que para la otra persona no suele haber nada vergonzoso en esa situación. Así que de pronto me di cuenta de que llevo muchísimo tiempo temiendo una mirada que ya no existe, anclada en un recuerdo que sólo se recrea en mi cabeza.
Tal vez para esa persona el evento no tuvo mayor trascendencia. Lo olvidó. Para mí sigue vivo y vigente. Tan vivo, que modifica mi forma de comportarme, incluso en el momento presente. Cambio lo que voy a hacer pensando en qué pensará la otra persona de mis acciones. No me  malinterpretes, no se trata de no tener en cuenta a los demás, o de dejar de aprender de situaciones pasadas, sino de asegurarnos de que lo que vivimos nos ayuda a aprender, que no nos mete en un círculo vicioso.
Estoy hablando también de asegurarme de que lo que las otras personas piensan es realmente lo que piensan ellas, no lo que yo elaboro de lo que ellos pueden llegar a pensar... Un bucle, sí, pero real como la vida misma, ¿no? Proyectamos en otros pensamientos propios y los llevamos con nosotros más allá de la situación concreta.
Es como la historia de esos dos monjes que iban por el bosque y se encontraron con una joven vestida de novia en la ribera de un riachuelo. Ella les dijo que no podía cruzar, porque se le iban a manchar los zapatos. El monje más anciano tomó a la mujer en sus brazos y cruzó el cauce. Al llegar a la orilla, la dejó en el suelo y se despidieron de la doncella.
Mientras continuaban su camino, el monje de menor edad resoplaba. "¿Qué te sucede?" le preguntó el anciano. "Con todos mis respetos, creo que no debió usted cargar a esa muchacha. ¡Somos monjes!" Y su compañero le contestó: "¡Ah! ¿Pero tú la sigues cargando? Yo la dejé a la orilla del río".
Dejar las cosas allí donde las vivimos sería la mejor opción, pero si a ti, como a mí, no "te sale bien del todo", cerciorarme de que las llevo sin que me pesen, me ayuda a una buena higiene mental. ¿Y a ti también te pasa? ¿Qué trucos usas?
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&nbsp;
<strong>Marta Martínez Arellano</strong>
<em>Desarrollo de Personas y Organizaciones</em>]]&gt;    	</p>
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