Qué hacer en «Días Yenka»

Qué hacer en «Días Yenka»

Ayer tuve un “día yenka”, uno de esos días en los que parece que no avanzas, que pateas con desesperación las cosas como quien patea un tejo… Esos días en los que te da la impresión de que avanzas mareándote en círculos… Eso es lo que yo llamo un “día yenka”, tomando el nombre de un baile famoso y extremadamente popular hace unos años. (Aquí puedes ver su historia y una de sus múltiples versiones:  https://www.youtube.com/watch?v=gbCp_qZOCTw)

Son días en los que aunque parece que tengo claro lo que tengo que hacer, no consigo avanzar. Van surgiendo a cada paso pequeñas trabas o imprevistos que me retrasan y me retrasan… Y mis objetivos parecen cada vez más lejanos.

Y conforme me doy cuenta de lo mucho que me está costando avanzar, voy generando impaciencia, mal rollo, me voy tensando. Lo noto principalmente en la mandíbula y en el entrecejo. Sé que no soy la única, porque cuando miro a mi alrededor, veo muchos ceños como el mío…

Sin embargo tengo un par de trucos que me ayudan a no dejarme atrapar por el ritmo salsero, por la sucesión mecánica de pasos: izquierda, izquierda, derecha, derecha, delante, detrás, uno, dos y tres… El primero es una técnica de alta tecnología que usan muchísimo los informáticos: apagar y encender.

Cuando noto que entro “en bucle”, que empiezo a echar la pierna sencillamente porque es lo que me pide el “ritmo yenka”, me paro y respiro. “Me apago”. Basta un minuto bien concentrada en la respiración para conseguir romper la danza que no me lleva a ningún sitio. Basta un minuto de mente en blanco para ver las cosas desde otra perspectiva.

La respiración es un hilo poderoso que nos ata al instante presente y elimina el “piloto automático”. Sólo con un minuto consigo parar y abrir un pequeño espacio en el que pensar para decidir si sigo peleándome con los brincos y trabas del día, o si relajo el entrecejo, entreabro las mandíbulas y pienso en otra estrategia diferente para conseguir mis objetivos.

En lugar de enfadarme porque no avanzo, o incluso me retraso, pienso que tal vez ese día las cosas van como las olas del mar, que siempre se retira antes de lanzarse en volandas hasta la orilla. Este pensamiento, unido a la respiración me relaja y empiezo a sentir que no estoy bailando la yenka, sino tomando carrerilla. Un minuto para relajarme y dejarme llevar por la ola en lugar de pelear contra ella.

A veces no consigo hacer todo lo que tenía planeado para la jornada, a veces consigo incluso hacer más cosas, tal vez distintas a las que me había planteado para ese día… Pero siempre, siempre, siempre, hacer este sencillo ejercicio me permite llegar al final del día con una sonrisa, mucho más relajada. Precisamente como ayer…

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Marta Martínez Arellano
Acompañamiento individual y Business Coaching

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