¿A qué te dedicas? 3 preguntas para definir tu propósito

2 Comentarios
  • Aitor Gonzalez van der sluys
    Publicado a las 09:49h, 19 febrero Responder

    Tu aproximación, aunque la comparto, también sé que casi no tiene encaje en la sociedad española. Definir las cosas con el propósito para el que están diseñadas y no con el diseño en sí, aquí se observa como pedante y alejado de la realidad y muchas veces para lo único que sirve es para la sobre-simplificar la respuesta de la persona a quien se lo dices. Que ayudas a al gente a….. tu eres cura, o médico, o abogado, dentista o cualquier otra etiqueta. Ikea en muchos países crea hogares, aquí «hace muebles» y así con todo. Esa forma de ver las cosas hace además que se retro-alimente esa especie de falta de autoestima nacional, no vemos las cosas como aportaciones de valor sino como elementos desvinculados del mismo. España vende habitaciones de hotel, noches a los turistas, cuando su valor como espacio turístico es «Cargar las pilas de los Europeos para que Europa siga compitiendo». No estamos en el mercado de la hostelería,que también, somos repostadores energéticos! y así con todo. El ejercicio del propósito es solo bueno si eres además muy bueno defendiéndolo con pasión y orgullo.

    • Marta Martínez Arellano
      Publicado a las 10:52h, 21 febrero Responder

      Mil gracias, Aitor. Aprecio el reto de no estar de acuerdo, me encanta compartir distintos puntos de vista. Soy de las que piensan que lo que tiene Sentido para mí, para mí lo tiene. Es difícil ver si encaja o no en el entorno hasta que no lo probamos. Y en este caso concreto creo que es «urgentérrimo» trabajar para que sea cada vez más aceptado y común en España. Comparto contigo la impresión sobre la sociedad española, por eso creo que es todavía más urgente aplicar el método que te lleva a dos cosas: descubrir tu propósito y centrarte en el otro. Encontrar tu propósito te alinea con quien realmente eres, y a su vez, ello lleva aparejado el entusiasmo, la pasión, nuestra capacidad de ser más en cada cosa que hacemos, la estima propia, la capacidad de crear y de creer en lo que hacemos. Y eso nos hace ser «muy buenos» en cualquier defensa de lo que hacemos. Creo que la miopía está en pensar que una venta es una transacción económica producto o servicio a cambio de dinero. Esta forma de vender nuestro talento puede ser eficaz a corto plazo, pero nos corta las alas y no nos permite ver lo que hay más allá… lo que el otro recibe, lo que cambia en el receptor. Estar atentos a ese efecto nos obliga a centrarnos en el otro y, contrariamente a lo que pudiera parecer, incrementa tus posibilidades de venta aunque «lo hagas fatal». Porque a nadie le gusta oír cómo el otro habla de sí mismo, pero todo el mundo aprecia que se le mire a los ojos y se le diga «qué tengo para ti»… A mi entender, ofrecer no lo que hacemos, sino el efecto que tiene en quien prueba, usa y repite con tu producto o servicio subraya el acento en el servicio, en el valor ofertado, en los beneficios que tiene para el otro. Y eso genera fidelidad en el otro, y en ti, propósito y posibilidades de crecer.

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