Creatividad en las Organizaciones

Creatividad en las Organizaciones

creatividadMe llega un twit con un interesante artículo del Mtro. Julio César Penagos Corzo en el que se analizan razones, errores y remedios a la aplicación de la creatividad en las organizaciones. Coincido con muchos de los aspectos desgranados por el Mtro Penagos en su artículo y aprovecho la fortuita llamada de un antiguo cliente, cuya empresa es hoy rentable gracias a un proceso creativo llevado a cabo conjuntamente, para destacar tal vez dos o tres aspectos que para mí son vitales a la hora de hacer que la creatividad, sea realmente productiva en las organizaciones. Al mismo tiempo, y como herramienta visual, les propongo el test que lanzará el 29 de julio el coach de negocio Roger James Hamilton con la que nos propone detectar el Genio que hay en cada uno de nosotros y cómo impulsarlo a través de alinear con él nuestra forma de vivir, aprender, trabajar y amar… Desde donde yo lo siento, la creatividad y la actividad creadora está en la raíz de nuestra naturaleza humana, creamos nuestra propia realidad a través de nuestro punto de vista e incluso de las palabras con las que al explicarla, la hacemos realidad para nosotros mismos y quienes nos rodean. Ese proceso individual creativo y creador, vinculado a mi propia forma de pensamiento y al entorno en el que yo me inserto, se torna innovador cuando busca nuevas vías de expresión y/o realización, reta las fronteras de la rutina colectiva y traza para el grupo una nueva vía de crecimiento. Es decir, la creatividad que demuestra innovación, es el motor del desarrollo tanto de las personas como de las organizaciones, ambas se acompasan. Y si bien puede tener un origen individual, requiere de otras personas para alcanzar impacto y provocar realmente un cambio en un entorno dado, antes de quedarse en una idea brillante o un sencillo “tiro al aire”. En el ejemplo de mi amigo y antiguo cliente, Maderas Navarro, el proceso creativo permitió a la organización salir de una situación crítica en la que se encontraba. La empresa fabricaba un producto muy maduro, la exploración de mercados internacionales proporcionó pocos o nulos resultados, salvo apuntar a nuevas necesidades que tenían relación con la tecnología y capacidades de su empresa. Si bien la idea de adoptar un nuevo producto fue la chispa, el equipo entero tuvo que poner sus ganas, su capacidad técnica y su inversión a trabajar para hacer de ella un proceso repetible, comercializable y rentable a medio y largo plazo. Ese proceso requirió el talento y capacidades de una mente creativa, de otra que supo alentar la llama, de una mente técnica que desbrozó el proceso y finalmente de una mente analítica que la llevó a los datos. Mi papel ahí fue como en la mayor parte de los procesos en los que intervengo, el de alentar la llama y coordinar esfuerzos… ya que yo, dentro de los cuatro tipos de “Genio” que muestra Hamilton con tanta contundencia y claridad en su análisis, soy BLAZE, el fuego, el entusiasmo y la acción orientada a las personas, y mi amigo en Maderas Navarro un claro TEMPO, pero supimos hacer equipo. Al menos en España, donde yo acudí a la escuela, no se da importancia ni se honra el tipo de genio que es cada uno, nuestra personal forma de pensar y crear. Se ha diseñado un proceso normalizado y estándar de aprendizaje, escolarización… Un proceso que fue diseñado en los albores de la era industrial para hacer de los humanos pensantes, estupendos recursos polivalentes en procesos industriales normalizados… Y así nos enseñaron a dejar de pensar como pensamos y a pensar como desea el sistema. Aquí radica, en mi opinión, la falta de creatividad e innovación en nuestras sociedades… Callamos la boca al niño respondón en las aulas… y termina por no alzar la voz, creyendo que no tiene nada que aportar. En segundo lugar, concebimos el proceso como una sucesión de hechos, y no como una armonización de diferentes formas de ver las cosas y obligamos al equipo a seguir los pasos de A a B, tal como nos ha enseñado la ISO. Hay también otro aspecto para mi también crucial, y es que las organizaciones han llegado a ser vistas únicamente como negocio, y no como un grupo de personas que ponen en el mercado un valor que cubre una necesidad concreta. Una vez encontrado “el producto” o “servicio” nos dedicamos a garantizar la homogeneidad del proceso repitiéndolo hasta la saciedad atentos a sofocar sus más leves titubeos… y se nos olvida mirar hacia fuera, a ver qué necesita el mercado… caemos así en lo que yo llamo “Ceguera de taller”, nos creemos que nuestro proceso es estupendo y nos garantiza el mercado. Por eso yo, desde la experiencia como consultora en desarrollo de negocio y de personas, propongo siempre a las empresas detectar primero sus Genios internos, y lanzo al gerente o experto técnico a olfatear las necesidades de su mercado… Combinar ambas cosas en un proceso organizado, permite rentabilizar la increíble potencialidad de la creatividad de los recursos internos de la organización, al aplicarla de forma ordenada –es decir, honrando el proceso creativo y la naturaleza y flujo natural de cada uno de sus miembros- al bienestar del equipo, y a la satisfacción de necesidades reales del mercado. La creatividad es, desde donde yo la miro al aplicarla a las organizaciones, el proceso de combinar nuestros talentos múltiples para aprovechar un destello y crear una realidad distinta, nueva y sobre todo, rentable. perfil bautizo 2013     Marta Martínez Arellano Mentor Coach de desarrollo individual y de negocio. Miembro de la red CTT de Consultores de Transformación Empresarial]]>

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