Descanso estival

Descanso estival

Descanso estival. De regreso después de vacaciones, estoy feliz de haber podido disfrutar de unos días para mí y los míos. He desconectado, he descansado. Como autónomos o por cuenta ajena, es algo fundamental para desarrollar un buen trabajo. Pero no siempre es sencillo, a veces hay que «conquistar» el descanso.

Me apasiona mi trabajo y por ello sigo de cerca los temas de mi interés en redes sociales, dejo previstos artículos para su publicación automática, viajo con mi teléfono y mi ordenador para hacer frente a imprevistos… Decido mantenerme conectada.

Me encuentro con no pocos autónomos que tendemos a pensar que si “seguimos conectados” podemos reavivar el ritmo. Y remamos en un agosto que agosta expectativas. La buena noticia es que como autónomos podemos decidir dejar de lado este perfeccionismo que no nos deja desconectar del todo. Este año lo he probado… ¡Y el mundo sigue su curso! Pero yo estoy más fresca a mi retorno. Por eso, si este es tu caso, te lo recomiendo.

Por desgracia me encuentro cada vez con más trabajadores por cuenta ajena que al margen de su salario o nivel retributivo, se ven “obligados” a llevarse los marrones de vacaciones. Aunque los tribunales franceses hayan decretado el derecho al descanso y la necesidad de cumplir con el número máximo de horas trabajadas, con frecuencia profesionales no vinculados a la producción directa con sueldos “de prácticas” se sienten en la obligación de seguir atendiendo los requerimientos de sus empleadores por miedo a perder el trabajo, o a que les tilden de poco responsables, o…

He ido haciendo una estadística casera y este fenómeno se da más en contratos eventuales, de jóvenes profesionales, en contratos en prácticas… No hablo de contratos que retribuyen este tipo de disponibilidad, sino de la “exigencia” de estar disponible para los marrones de verano, aunque tu cuerpo no esté en la oficina. Al margen de que tu salario o responsabilidad profesional lo refleje. Si lo refleja, es que ya lo tienes en cuenta, ya lo has conquistado.

Es una de las ventajas del teletrabajo: podemos hacer cosas desde la playa, el chiringuito, el monte o la piscina. Y como todo en esta vida, es también la desventaja del teletrabajo: no te puedes hurtar a la insistencia de tu jefe, la reclamación de tu cliente o el enojo de tu proveedor…

Creo que hay muchas personas que tienen –o tenemos- que aprender a decir “basta”. Creo que como sociedad no podemos permitir que se convierta en habitual esta práctica, que se normalice.

Considero que no poder desconectar es un indicio más de la precarización de los contratos. Algo denunciable y que está en nuestra mano, como empleadores o empleados, el no permitirlo.

“Claro, para ti es fácil” me suelen decir, “pero yo si no respondo al teléfono, me echan, o me caerá la bronca, o…” Tal vez tengan razón, y aún así sigo animándoles a probarlo. No estoy diciendo que haya que dejar de hacer cosas sin más, sino que hay que decir alto y claro que no es el momento, que estás de vacaciones. Estoy segura –porque yo lo he hecho- que puedes “educar” a tu empresa a respetar tu descanso.

Estoy convencida de que todo empresario, emprendedor y empleador comprende la necesidad de desconectar. Un trabajador que no desconecta ni descansa es un trabajador que rinde menos y por tanto provocará más problemas de calidad. Será probablemente un trabajador descontento.

Puedes automatizar el correo diciendo que regresarás tal día. Puedes enviarle a tu jefe un mensaje cada vez que te llame diciendo que regresarás tal día. Debes mantener una conversación con él o ella para colocar en un lugar de igualdad vuestro acuerdo de trabajo. Para explicarle que tú valoras tu descanso. Que rendirás mejor si estás descansada.

No digo que sea fácil. Es indudablemente más difícil si te sientes “en manos” de tu empleador. Y si es el caso, te recomiendo que te plantees si realmente te compensa esa situación.

Poner las cosas en su sitio, valorar lo que cada uno aporta, poner límites es fundamental a la hora de establecer un acuerdo profesional equitativo contigo misma y con tu empleador. Y es sobre todo fundamental a la hora de buscar nuevos horizontes profesionales. Si no te cuidas tú… ¿Qué mensaje le estás lanzando a tu interlocutor?

 

 

Marta Martínez Arellano
Desarrollo de Personas y Organizaciones.

2 Comentarios
  • Celia Palacio
    Publicado a las 18:34h, 16 agosto Responder

    Querida Marta,
    una vez más estoy totalmente de acuerdo con lo que escribes. Cuando estaba casada con mi ex marido, sufrí mucho por la situación que describes. Por mucho que insistía en que es necesario descansar y desconectar, él no me hacía ningún caso. El miedo a perder el trabajo, o la confianza y la valoración del jefe son muy poderosos. Pero ¿cómo nos van a valorar lo suficiente si nosotros mismos no somos capaces de hacer respetar nuestros derechos y necesidades básicas? Si no tenemos la valentía de decir: » Señores, yo no soy un robot, soy una persona, con sus necesidades de descanso y ocio, así que si esta empresa no respeta y cuida a sus empleados, a mi no me interesa trabajar aquí», entonces nos convertimos en marionetas que otros pueden utilizar a su antojo y en todas partes nos pasará lo mismo.

    A la lista de argumentos que enumeras recomendando el descanso veraniego, yo añadiría una que también debería interesar a los empleadores: cuando una persona no desconecta nunca de su actividad laboral, pierde la perspectiva, los árboles no le dejan ver el bosque. Esto, unido al estrés que se va acumulando, nos hace perder también la capacidad de aportar soluciones creativas a los problemas y puntos de vista innovadores a los proyectos. El cerebro necesita «desconectar» de su funcionamiento racional, alejarse lo suficiente de la vorágine cotidiana; tomar consciencia del cuerpo; ser nutrido de oxígeno, endorfinas y oxitocina mediante el ejercicio físico y hacer un poco de silencio interior para poder escuchar y ver cuales son las ideas que se fraguan solitas en su lóbulo creativo. Y no deberíamos dejar todo ello para el verano, sino incluirlo en nuestra rutina cotidiana. Creo que a todos nos iría mejor si aprendiésemos a funcionar así. Lo digo por experiencia.

    • Marta Martínez Arellano
      Publicado a las 18:38h, 16 agosto Responder

      Mil Gracias Celia por compartir tu experiencia y aportar un nuevo dato TAN importante… La necesidad de tomar perspectiva, como en la fábula del leñador y el afilado de su hacha. A veces no es sencillo poner límites, exigir, pero coincido contigo en que nos va mucho mejor cuando lo hacemos. Un abrazo, Marta

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